• Carmen Araus

Variedades minoritarias de la vid

Antes de ayer pudimos asistir a la jornada "Variedades minoritarias de la vid, perspectivas de futuro en Castilla y León" organizada por la Fundación General de la Universidad de Salamanca junto con la red de innovación rural de Castilla y León, que tanto esfuerzo están realizando por mantenernos al día en todo lo relativo a novedades en el sector.


La variedades minoritarias de la vid son las su cultivo está poco extendido frente a otras variedades en una región determinada. El cultivo de unas variedades frente a otras ha sucedido por diferentes factores, como son la adaptación al terreno, al clima y la aparición de enfermedades y la resistencia a las mismas.



La peor plaga de la historia hasta la fecha, fue la filoxera, que acabó con buena parte de la variedad genética existente y después de la que se comenzaron a importar variedades foráneas consideradas de mejor calidad o con mejor rendimiento, según el caso.

Pero no todo se perdió y hay muchos viticultores que apostaron por las variedades que ya cultivaban y zonas en las que la filoxera no acabó con el viñedo por la peculiaridad del terreno. Por ello, hay múltiples lugares donde existen viñas viejas de variedades minoritarias y algunas todavía desconocidas.


Para evitar seguir perdiendo diversidad e identificar las distintas variedades, son varias las DOs y comunidades autónomas que han desarrollado proyectos, contactando con cientos de viticultores a través de cooperativas y denominaciones de origen, como la DOCa Rioja, cuyo programa comenzó en 1988 y todavía en 2014 se seguían descubriendo nuevas variedades nunca antes identificadas. Por su parte el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACYL), también tiene su programa en marcha.

En este caso, no solo identifican las variedades, sino que trabajan con el objetivo de incluirlas en el registro de variedades comerciales, facilitando así la recuperación de la especie y aumentar la variedad de los vinos de la región. Para poder incluirlas en el catálogo de Castilla y León hay tres vías.

  • La más larga es la que consiste en realizar una evaluación previa, un estudio de cinco años en la que se caracteriza agronómicamente e incluso se vinifica y se realiza un estudio del vino tanto analítico como organoléptico para ver la potencialidad de comercialización que tiene.

  • Una segunda vía más corta es justificar que está autorizada por otra Comunidad Autónoma colindante.

  • La tercera vía es la justificación de que la variedad es local.

De este modo se ha pasado de tener en el año 2000, veinticuatro variedades autorizadas, a tener actualmente cuarenta y ocho. Algunas de ellas, como la Rufete, ha pasado a ser primordial en la DO Sierra de Salamanca, siendo un ejemplo de la importancia de este trabajo para evitar la pérdida de más variedad genética y también de la capacidad de diferenciación de una zona, accediendo a un nicho de mercado cada vez mayor, que demanda vinos "autóctonos" y diferentes.

Otra característica de las variedades minoritarias, es la acidez marcada, lo que puede ser una buena herramienta recuperar frescura en los vinos, característica que se va perdiendo por el cambio climático.


Los retos a los que se encuentran estas nuevas variedades autorizadas son

  • disponer de clones certificados para poderlos utilizar con garantías por parte de los viticultores interesados,

  • descubrir el manejo adecuado para cada especie en cada zona y

  • seguir la investigación para encontrar variedades que puedan ser comerciales y resistentes a enfermedades como al mildiu y al oidio

Tuve la suerte de catar unos vinos elaborados con algunas de estas variedades durante el evento Alma Vinos Únicos celebrado en Burgos el año pasado, y fue muy interesante.

Espero que vosotros también tengáis esa oportunidad alguna vez y que la investigación continúe.


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